El amor y coraje de doña Clementina Peralta
Manuel Rodríguez Romero / Viernes, Mayo 12, 2017

A Doña Clementina. La mujer serrana o andina, que junto al marido labra la tierra desde que raya la aurora, o aquella que cuida el rebaño hasta que el sol se oculta tras los cerros, es una mujer heroica, que vive con sacrificio y amor hasta ver que sus hijos sean hombres y mujeres de bien y de éxito.

César Acuña Peralta, junto a su madre, la señora Clementina Peralta de Acuña.

Ayaque, caserío del distrito de Tacabamba (Cajamarca), como otros pequeños pueblos del Perú profundo, se caracteriza por tener gente valiente y con pundonor, que no se doblega ante la adversidad: la pobreza.

Ayaque, por su hermoso paisaje, es un paraíso, de envidiable clima, de cielo despejado y coloridos prados, principalmente en el mes de mayo, en que abundan los choclos y el queso.

Este humilde lugar cobijó a la familia Acuña-Peralta. Doña Clementina, una mujer que no fue a la escuela y que su esposo (Héctor), con apenas primero de primaria, forjó con mucho coraje a doce hijos, hoy exitosos profesionales, empresarios y políticos.

El deseo de que sus hijos sean “otra cosa” y  superen a su padre, que era un nato emprendedor, fue el impulso para que la familia Acuña-Peralta abandone la rústica casa y la parcela, para que sus hijos bajen al valle y estudien en la escuela de Tacabamba.

Don Héctor, era un caballero respetable, honrado y muy trabajador. Sin embargo, la visión la tenía aquella mujer de trenzas clásicas, de noble rostro y encendido amor por sus hijos.

César, el tercero de los doce hermanos Acuña-Peralta, confiesa que al terminar la secundaria su hermano Leopoldo, su padre quiso que se quedara a estudiar para profesor en Chota. Su madre, sin embargo, se impuso para que estudie en una universidad, que podía ser en Trujillo, Cajamarca o Lima. Es un médico exitoso.

Doña Clementina repitió la historia con el resto de sus hijos. Pese a no tener los recursos logró lo que se propuso. “Mi madre tuvo el coraje de educarnos. Es la mejor maestra que hemos tenido en la vida”, relata César Acuña.

“Entonces deben imaginarse por qué adoro tanto a mi madre y cómo quiero a las mujeres, en especial a las más humildes. Al verles su rostro, es como estuviera viendo el rostro de mi madre”, suele decir.

 Doña Clementina es ejemplo de valor, fuerza, honestidad y sacrificio. Hacía “malabares” para alimentar y enviar a estudiar a sus pequeños y numerosos hijos. “Mi vida es un milagro de Dios, que me sigue alumbrando hasta hoy”, confiesa Acuña, que no se amilana haber nacido en humilde cuna.

Ella, por sus virtudes, es ejemplo de madre, que pese a no tener educación supo inculcar valores a sus hijos, que son ahora exitosos políticos, como César que postuló con mucha opción a la Presidencia del Perú, tras ser dos veces congresista, dos veces alcalde de Trujillo, presidente regional de La Libertad; Humberto, dos veces presidente regional de Lambayeque; Virgilio congresista; y su nieto Richard, actual vicepresidente del Congreso.

En el Día de la Madre, estos recuerdos fluirán una y otra vez en la mente no sólo de César sino de toda la familia Acuña-Peralta, porque el motor para que sea exitosa, es doña Clementina Peralta de Acuña, a quien va nuestro homenaje sincero.